De las cenizas que guardaba en mi cajón salió mi alegría, en forma de fotos iba matando el tiempo y lo detenía. Los días estaban pesados y los ojos me quemaban desde que amanecía, llevo tres días con dolor de cabeza y cada vez que me saco las zapatillas el olor me pone de cabeza. El cuerpo lo tengo entumecido por los constantes ejercicios, pues trato de desaparecer este cuerpo regordete y desbordado que con el tiempo he formado. Las tardes se transforman en noche de un momento a otro y el tiempo se me pasa mientras intento ser otro.
Es raro como se me dan las cosas ahora, todo es distinto y siento que algo me falta, el vacío que llevo dentro no tiene padre ni apellido. Parece que hubiese nacido de mi constante infelicidad mental y, a decir verdad, no es constante es permanente. La sensación de vacío es grande y me perjudica, he tenido que abandonar el trabajo para poderme sentar, con ron y cigarros, a pensar en qué diablos es lo que me está pasando.
Todos hemos pasado por los periodos de darle vueltas a las cosas, pues yo no escapo de ese periodo desde que entré en él. A decir verdad, le doy tantas vueltas al asunto que de una botella paso a otra y de un cigarro prendo otro. Es un círculo vicioso que se desencadena por tratar de encontrar en mí lo que ya no está y aún así, sabiéndolo, sigo buscando por si es que algo me queda dentro. He perdido por completo la magia de escribir, aunque para muchos es basura, para mi lo que escribo tiene tanto sentido como el existir. No existe nada que se asemeje tanto a mi alma como lo que les digo y, como verán, dentro de todo lo hago bien, al menos para mi y eso es lo que me basta.
Después de algún tiempo de haber pasado de ron en ron y de humo en humo, me he dado cuenta de que estoy a punto de descubrir lo que me falta y he perdido, aunque no estoy muy seguro, creo haberlo hayado. Tantas caras he visto, repetidas todas, todos los días. Esas caras ríen y babean, toman y fuman y luego se alejan para dejarme siempre la desazón de tener en los ojos lo que he perdido, de anhelar lo que ya se ha ido.
Y es que ahora me doy cuenta que siempre extrañé ver que todos los ojos eran turquesas, pues así los veía cuando estabas cerca, aunque nunca estuviste conmigo. Extraño verle alas a la gente y pensar que eran libélulas, esas a las que quise tanto y esas que se fueron volando. Extraño el remezón repentino cuando oía tu voz a mis espaldas y extraño el fingir que no pasaba nada y ser el cobarde que te miraba a la cara. Extraño la sensación de agonía cuando por casualidad nuestra piel se rozaba y extraño, también, que tus ojos me claven la mirada. Extraño el acompañarte a tu casa y el sentir que la calle era infinita, extraño el no sentir al tiempo como no lo sentía cuando estabas conmigo. Extraño al humo que nos dividía la caras, sentados en la banca, hablando de nada y sin palabras. Extraño sentir la mentira de estar enamorado cuando sentía, como por arte de magia que subias las escaleras y es raro porque siempre era cierto que lo hacias. Extraño el no tener la valentía de poder mirarte a los ojos con las palabras exactas clavadas y extraño el solo poder hacerlo a traves de el reflejo de los vídrios. Extraño el sentir que mis sentidos se turqueseaban y que el cuerpo me dejaba cuando caminaba contigo. Extraño Miraflores como existió ese día y desde entonces ya no es el mismo. Extraño caminar por la calle y esperar encontrar tras las esquinas, extraño cruzar los ángulos rectos esperando que vengas por mi espalda y me tapes los ojos y me digas lo que yo esperaba.
Me he dado cuenta que extraño tu presencia, que extraño tu imagen, que extraño vivir en fantasía. Extraño ser el que era y ahora que trato de ser el mismo ya es tarde, es imposible. Ahora estoy lejos de todo lo que a ti me acercaba, por más que estes lejos, algo de ti quedaba. Ahora me doy cuenta que no era mentira, que en realidad era algo lo que me pasaba, llame como se le llame, algo verdadero era.
Ahora no sé que tengo, no sé si sea lo mismo o sea otra cosa distinta; lo cierto es que extraño todo lo que vivía. Ahora es que comprendo, me dejaste con mucho y ahora queda poco. Extraño y extrañaré todo lo que de ti venía, así sean recuerdos, los extraño. Ahora ni tu rostro recuerdo, es raro, no sé que me pasa. Ahora no sé, estoy en una esquina, voy a cerrar los ojos y tal vez estes esperando a que lo haga, para venir por detrás y decirme...
Ahora estoy abriendo la puerta y creo que estás de espaldas.
miércoles 27 de febrero de 2008
domingo 24 de febrero de 2008
Siempre ella
Ahora me siento pausado, lento y agitado. Parece que tardará en amanecer y aún no consigo coger el sueño, se me escapa como por arte de magia, como se escapan los años de la mente y las imágenes de los recuerdos.
Se me dio por soñar contigo y no lo consigo pues estás tan lejos que ni mis recuerdos te pueden tocar los cabellos. Es un capricho cerrar los ojos y tratar de reconstruir tu rostro, ese que he olvidado. Ahora la oscuridad no me sirve ni para la depresión, todo viene solo y por su mismo peso y a decir verdad ya no creo que todo sea tan cierto.
Tengo las manos enfermas, la piel se me desprende como se me desprendieron los párpados esperando que tú me digas lo que mis oídos soñaban escuchar. Las tengo peladas y las plumas me queman, ya no puedo ser el que solía volar en un papel con plumas entintadas.
Las angustias se me han juntado en la cabeza y están desplazando mi pelo porque ya no hay lugar para ellas. Ahora mi cuerpo es un libro de penas y amargura.
Pero como siempre ella, deforme en mi mente, sonríe y el universo entero se dá vuelta. Ya verás que te gustará verla, como a mi me gusta verla cuando sueño sin cabeza.
Se me dio por soñar contigo y no lo consigo pues estás tan lejos que ni mis recuerdos te pueden tocar los cabellos. Es un capricho cerrar los ojos y tratar de reconstruir tu rostro, ese que he olvidado. Ahora la oscuridad no me sirve ni para la depresión, todo viene solo y por su mismo peso y a decir verdad ya no creo que todo sea tan cierto.
Tengo las manos enfermas, la piel se me desprende como se me desprendieron los párpados esperando que tú me digas lo que mis oídos soñaban escuchar. Las tengo peladas y las plumas me queman, ya no puedo ser el que solía volar en un papel con plumas entintadas.
Las angustias se me han juntado en la cabeza y están desplazando mi pelo porque ya no hay lugar para ellas. Ahora mi cuerpo es un libro de penas y amargura.
Pero como siempre ella, deforme en mi mente, sonríe y el universo entero se dá vuelta. Ya verás que te gustará verla, como a mi me gusta verla cuando sueño sin cabeza.
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